Revista F@ro Nº 3 - Monográfico

Las cuatro devoraciones

Norval Baitello Junior
Pontificia Universidad Católica de San Pablo
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Clase magistral dictada el 3 de agosto de 2005, en la Sala Altazor de la Facultad de Humanidades - Presentación de la Revista F@ro y cierre del 1º semestre de la línea de investigación en Epistemologías de las Comunicaciones.

El título exige una explicación previa sobre el concepto de devoración. Naturalmente, es una palabra común, en los animales, devorar es un acto de comer. Y, entonces, ¿por qué la usamos? Porque también puede ser comprendida como un tipo de violencia. Pero hay un problema de fondo en el proceso de devoración, es un problema que nos plantea la vida, porque para vivir necesitamos devorar nuestro entorno, integramos un proceso de apropiación del entorno, de cosas, de personas, de objetos. Ese es el concepto. Por lo tanto, el centro del concepto de devoración es la apropiación del otro. Sea el otro un objeto, una parte del mundo, una cosa, una idea, una persona, una parte de una persona, un material o una imagen.

Y ¿por qué necesitamos devorar?: porque somos seres incompletos. ¿Y por qué somos seres incompletos?: porque necesitamos la comunicación. Necesitamos la comunicación para acercarnos al otro, a las otras personas, al mundo. Somos seres incompletos desde el nacimiento. Nacemos dependiendo de otras personas: de nuestra madre, del entorno. Más tarde esta dependencia, esta adicción al entorno se va tornando más compleja. Y seguimos dependiendo. En las sociedades complejas esta dependencia es aún mayor puesto que no dependemos, solamente, de la madre, de la familia, sino de la ciudad, de la nación, de la comunidad y ahora del mundo. Para completarnos creamos vínculos: vínculos con las personas, con las cosas, con el mundo, con las imágenes. Para mí ese es el más importante concepto de comunicación. Un vínculo no es una información fría, sino que es una relación, un camino hacia el otro. Es una vía de apropiación del otro y del mundo. Cuando nuestras Teorías de la Comunicación hablan de información, nos hablan de un concepto abstracto y frío creado por un espíritu sin cuerpo. Y cuando hablamos de vínculo, hablamos de la relación entre cosas que viven. Hablamos de un proceso de intercambio permanente y cálido en donde lo que se cambia no son informaciones frías, sino emociones.

Es necesario entonces definir qué es un vínculo. Para ello necesitamos otras ciencias que nos ayuden a comprender el objeto de nuestra ciencia de la comunicación.

Y una de las ciencias que nos ayuda es, precisamente, la Biología. Cuando ésta investiga las relaciones sociales entre los animales, e incluso, entre los hombres que es la Etología. Y la Etología define el vínculo, simplemente, como el sentimiento o la emoción que tiene una madre por su hijo. ¿Qué hace una madre para cuidar a su hijo? ¿Qué hace una gallina, por ejemplo, para cuidar de sus pollitos? ¿Qué hace una leona para cuidar de los leoncitos? ¿Cómo se llama este sentimiento? Es muy sencillo. Este sentimiento se llama amor. Entonces ¿de qué está hecho el vínculo? El vínculo tiene como materia prima el amor. El vínculo produce la comunicación. Por lo tanto, tenemos aquí una ecuación muy interesante para pensar en la comunicación. La materia prima de la comunicación es el amor.

En este punto, debemos hacer un paréntesis, porque amor es un concepto bastante complejo. Lo que comprendemos por amor hoy día o lo que, comúnmente, se comprende por amor está determinado por el concepto romántico de amor registrado en nuestra historia cultural, en nuestra literatura, en los medios, pero el amor es mucho más que eso. Es un sentimiento más profundo. Es un sentimiento más amplio. Es el sentimiento que crea los vínculos. El amor puede ser incluso negativo. El odio es un tipo de amor. La envidia es un tipo de amor. Y los biólogos tratan este concepto con mucha precisión. En esta oportunidad puedo mencionar algunos nombres de biólogos y algunos textos que son interesantes, por ejemplo, el libro sobre El amor y el odio, que es un libro sobre los animales. El autor establece una comparación entre la creación de vínculos en los animales y la creación de vínculos entre los seres humanos. Otro ejemplo, sería el etólogo francés de origen ruso Boris Cyrulnik, su libro se llama El amor que nos cura, su temática es, justamente, sobre este sentimiento y sobre el vínculo.

La información de cómo se construye este vínculo no nos interesa. Para abordar los procesos de comunicación humana no nos interesa la información con su naturaleza económica, con su naturaleza mensurable. Ese tipo de información se establece en los procesos de comunicación entre máquinas y, en ese caso, no deberíamos llamarlo comunicación, sino conexión. Lo que las máquinas establecen entre ellas no es comunicación, sino que es conexión. Y conexión es algo muy distinto. Si aceptamos este presupuesto: que el vínculo es lo que constituye la comunicación entre seres humanos, entonces el concepto tradicional de comunicación queda obsoleto. Esto significa que el concepto tradicional de comunicación como emisor – mensaje – receptor no nos sirve porque cuando formamos parte de un vínculo no somos emisores ni receptores ni mensaje solamente, sino que somos todos ellos al mismo tiempo. Por ejemplo: ¿quién es el emisor de un beso? o ¿de un abrazo? o ¿de una conversación entre personas donde hay palabras, gestos y, a veces mucho más, caricias, a veces olores? En los ejemplos señalados ¿quién es el emisor?, ¿quién es el receptor? El concepto tradicional de comunicación queda completamente desactualizado para comprender los procesos vivos de comunicación entre los seres humanos. Si tomamos el ejemplo del beso ¿qué ocurre en un beso? Es una apropiación recíproca. Es un intercambio de emociones. Es una creación de vínculos. Y, naturalmente, un vínculo no es una información, sino una relación que transforma a las dos partes que participan en el proceso.

La comunicación es más amplia que la palabra y las imágenes. La primera ley de la comunicación empieza en el cuerpo y termina en el cuerpo porque lo que se vincula son los cuerpos de seres humanos, de animales o de cosas. ¿De qué se puede apropiar el uno del otro? La devoración es una apropiación del otro. Y el otro. ¿Quiénes son los otros? Los seres humanos, los animales, la tierra, nuestras historias y la historia de nuestras historias, son nuestros sueños y de todo eso nos podemos apropiar. ¿Y de qué? De su materialidad. Por ejemplo, nos apropiamos del cuerpo de la madre cuando nacemos. Devoramos a la madre, materialmente: su cuerpo, su leche y por eso vivimos. Y la madre, en respuesta, devora nuestro afecto, nuestro vínculo, nuestra tactilidad como niños. Hay una devoración recíproca de la materialidad. También nos podemos apropiar del espacio del otro. En ese sentido ¿qué hacen las guerras? Es una apropiación del espacio del otro, de otros pueblos, de otras culturas, de otras personas, de otras economías. Es interesante observar que también podemos apropiarnos del tiempo del otro y esa es una operación muy cruel porque nosotros tenemos, solamente, un tiempo, que es el tiempo de vida y el tiempo de vida es agotable. Vivimos tantos años y no más. No sabemos cuántos. Seguro que no serán doscientos años. Quizás 120 años. Eso espero para nuestras generaciones aunque es improbable aún. El tiempo es un bien agotable y cuando uno se apropia del tiempo del otro está apropiándose de un bien agotable que es nuestro tiempo de vida. Esta es una operación muy curiosa. Al analizar las estadísticas en qué ocupan el tiempo las personas en Estados Unidos o en Europa encontramos que un español, por ejemplo, vive cuatro horas de su tiempo delante de la pantalla de la televisión por día. Cuatro horas en promedio. O sea son cuatro horas de vida que un español medio le da a la televisión, a la comunicación. Podemos sacar cuentas y multiplicar el número de horas diarias que un español le entrega a la televisión durante su vida y esta cifra por el total de los españoles. Ese promedio es mucho mayor aún en los Estados Unidos. El tiempo que le entregamos a la televisión es un ejemplo de la apropiación del tiempo del otro. Los medios se apropian de nuestro tiempo de vida y lo venden. Y ese es un vínculo. Para seguir apropiándose de nuestro tiempo de vida, la televisión nos ofrece cosas para crear una adicción de tal forma de seguir ofreciendo más y más nuestro tiempo de vida.

La apropiación no sólo puede ser negativa, sino que también podemos apropiarnos positivamente: eso se llama compartir. En la actualidad, ese es el proceso al que denominamos antropofagia. O sea la devoración de seres humanos por seres humanos. Pero hay otras fagias, otras devoraciones y las cuatro fagias son:

- la antropofagia;

- la iconofagia que es cuando comemos o devoramos imágenes;

- la geofagia que es cuando devoramos a nuestro planeta y devorar al planeta es un proceso muy peligroso porque después ¿dónde viviremos?;

- y, por último, la teofagia cuando devoramos a los dioses.

El tema es oceánico y no alcanzaré a tratarlos a todos.

En síntesis existen cuatro devoraciones: devorar a los seres humanos; devorar a la tierra; devorar a los dioses y devorar a las imágenes. Y lo más raro es devorar a las imágenes. Y en ese aspecto me detendré, en la iconofagia.

Pero antes explicaré muy brevemente que es la antropofagia y que formas de antropofagia existen. ¿Cómo podemos devorar a los otros seres humanos? Hay algunas formas muy curiosas, por ejemplo: la antropofagia natural, lo que ocurre cuando nacemos, para los mamíferos el alimento es el cuerpo de la madre; la segunda forma sería la antropofagia sexual: nos apropiamos del cuerpo de otros seres humanos en la relación sexual, en la relación de amor, por eso sobrevive la especie humana, la relación sexual es una apropiación y muchas lenguas utilizan, para referirse al sexo, la palabra comer, devorar; existe una antropofagia quirúrgica que se ha ido especializando hasta llegar a una antropofagia genética: a través de operaciones uno puede devorar parte de su propio cuerpo o parte del cuerpo de otros seres humanos o incluso a los animales para incorporarlos en su cuerpo; existe una antropofagia ritual y que, en el caso de nosotros, americanos del sur, es muy reconocida puesto que en nuestra historia fue el alimento de muchas fantasías europeas en la época de la Conquista de América, entre ellas, las historias sobre los indios antropófagos; existe una antropofagia colonizadora o antropofagia neobárbara: las guerras que la historia de la humanidad nos cuenta ¿qué son? no son más que la devoración de muchos pueblos, de muchas culturas, de muchas personas, eso es antropofagia; el concepto de antropofagia pos civilizatoria, un después de la civilización o civilización tardía, es del filósofo Günther Anders. Este autor sostiene que la revolución industrial ha transformado a las personas en materia prima, que devora los cuerpos de los trabajadores y luego los sustituye por otros trabajadores y así, sucesivamente; es un concepto interesante para pensar los procesos económicos y la destrucción del oikos, del medio ambiente, teniendo como punto de partida el propio ser humano. Esas son en síntesis las formas de antropofagia.

La iconofagia.

Existen varias formas de iconofagia. Analizaremos algunas de ellas, pero me interesa una en especial, por ejemplo, la antropofagia material. Es muy rara. No sé si ustedes ya escucharon hablar, alguna vez, de las imágenes religiosas que se comen. Son papelitos con la imagen de la virgen que se compran en la Iglesia y cuando las personas están enfermas toman esos papelitos y los cortan para comérselos como una pastilla. En alemán se les llama imágenes para engullir. Si las personas se curan con eso no sé, pero fue una figura muy interesante en las iglesias de Europa durante la Edad Media, y todavía se encuentran, en las iglesias, estas imágenes para comprar. O sea hay gente que todavía se las come. Esa es una iconofagia material. Comer el papel con la imagen de la virgen. Hay formas de iconofagia material más cercanas como, por ejemplo, en España en donde, según lo que he leído, existen los caramelos de la virgen; en México están las calaveras en azúcar que, si bien son imágenes, no las comen porque sean imágenes, sino porque son dulces. Es una iconofagia material. Comemos materialmente la imagen y su soporte. Hay, además, una iconofagia inmaterial. O sea hay gente que come la comida normal, pero delante de la imagen de Cristo y de los dioses para que esos dioses contaminen con su energía positiva la comida. Esa es la iconofagia inmaterial. Hay una iconofagia muy interesante que el pensamiento positivista no aceptará jamás: la devoración de imágenes por imágenes. O sea imágenes que devoran imágenes. Y es una iconofagia natural porque la naturaleza de una imagen es la misma naturaleza de la otra imagen, entonces es natural: tenemos como ejemplo la historia del arte que está llena de iconofagias. Cuando pensamos en Las Meninas de Velásquez y de los innumerables pintores que han pintado de nuevo Las Meninas en un sinfín de variaciones. Devoraron Las Meninas de Velásquez y las transformaron en otras imágenes. Cuando pensamos en El Quijote y cómo se ha utilizado El Quijote como imagen para la creación de nuevas imágenes. Lo interesante y curioso aquí es que cuanto más devorada es una imagen, más fuerte se vuelve esa imagen. Cuando una imagen devora a otra imagen es un proceso de devoración que le da fuerzas a una imagen para sobrevivir en el tiempo. Este fenómeno es muy curioso. La imagen no es una propiedad del arte ni de los historiadores del arte. La imagen existe antes que el arte y ya tenía una función importante en las religiones, en los cultos, y la imagen sigue existiendo después del arte, en los medios. Es un objeto que no pertenece a la historia del arte ni al arte. Existe una iconofagia civilizatoria y de ella participamos todos nosotros. En la sociedad y en la familia hay que apropiarse de ciertas imágenes. Hay que tener una imagen que sea aceptable para la familia y una imagen para la sociedad. Escuela, educación, religión y culto, todo eso es apropiación de imágenes. Es un proceso iconofágico. Y existe una iconofagia pos civilizatoria. Es una iconofagia que se constituye por la imposición a través de la repetición permanente de imágenes. Nos imponen una imagen y nos dicen: usted tiene que dar su conferencia con una chaqueta y con una corbata; y si vengo con una ropa muy diferente entonces tengo dificultades. Y lo mismo ocurre con otras situaciones. Voy a una fiesta de amigos con corbata y con chaqueta y con sombrero entonces no pertenezco a la imagen que se espera de mí en esa fiesta. La imposición de modelos de consumo a través de la publicidad y de los medios es una forma de la iconofagia pos civilizatoria. Y la última iconofagia que yo pienso es la más curiosa, se trata de la iconofagia retroactiva.

La iconofagia retroactiva es aquella en la que nosotros somos devorados por las imágenes, es decir, no somos nosotros los que comemos imágenes, sino que son las imágenes que nos devoran. O sea no consumimos más a las imágenes. Ellas nos consumen. Bien. Aquí hay muchas formas. Voy a decir algunas y quizás haya muchas más, pero cuando pensamos en los pilotos kamikaze -los japoneses que durante la Segunda Guerra Mundial se tiraban con sus aviones y se mataban en nombre de la imagen de la patria-, es una forma de iconofagia retroactiva. Los cuerpos eran devorados por una imagen. En los atentados en que las personas se meten bombas en sus bolsillos y los explotan en lugares públicos para destruir y destruirse tenemos una renuncia voluntaria al cuerpo en nombre de una imagen. La segunda forma de iconofagia retroactiva sería la pérdida del cuerpo o la pérdida de la imagen del cuerpo. Todos nosotros tenemos una imagen interna de nuestro cuerpo aunque esa imagen es inconsciente. Sabemos que tenemos manos, pies, piernas, cabeza, panza, espalda, brazos, gracias al sentido de la propiocepción. La propiocepción es el sexto sentido del ser humano, al lado de la visión, audición, tacto, gustación y olfato. La propiocepción fue descubierta hace más de 100 años aunque nuestros libros no la mencionen y es el sentido del cuerpo. Cuando perdemos este sentido del cuerpo sabemos que tenemos un cuerpo, vemos el cuerpo, tocamos el cuerpo, pero no lo sentimos. O sea tenemos el cuerpo, pero no tenemos la imagen correspondiente al cuerpo y esa es una enfermedad. Es una enfermedad neurológica. Cuando la persona pierde la propiocepción no sabe qué hacer, no sabe ponerse de pie, necesita un espejo para saber que está de pie o está acostado o está sentado: en ese caso es una enfermedad neurológica. Pero al vivir en un mundo de excesivas imágenes que insiste en que nuestro cuerpo no está adecuado, no es correcto, entonces podemos perder la propiocepción cultural. De esa situación derivan las enfermedades como la anorexia, la bulimia y otras. Son personas que tienen disturbios de la imagen corporal o sea sufren la pérdida de la propiocepción.

La siguiente iconofagia sería la adicción a la imagen o la adicción a las máquinas de imagen o a las pantallas. Hay personas que, en situaciones extremas, son tan adictas a la pantalla o a las imágenes de la pantalla que se olvidan de comer, enferman y hasta pueden morirse por esa razón. La adicción a los games, por ejemplo. En una investigación reciente en el Japón se constataron muchos casos de este tipo de adicción. También ocurre algo similar en Corea en donde existen muchos casos de adicción a la pantalla. Otro tipo de iconofagia retroactiva es cuando el cuerpo es materia prima para las imágenes o sea el cuerpo ya tiene que ser una imagen para poder ser usado como materia prima para las imágenes: tenemos los ejemplos de las muchachas de la moda que desfilan por el mundo a las que se les exige una cintura de tantos centímetros y que sólo pueden ser más altas que el metro ochenta. La fotogenia obligatoria. O sea nuestros cuerpos tienen que ser una imagen antes que un cuerpo. Es una forma de ser devorado por la imagen.

La próxima es la producción de la mirada. Al existir cada vez más imágenes y como su reproducción es cada vez mayor no hay tantos ojos para tantas imágenes. Nuestros ojos se cansan y ya no ven. Si los ojos no pueden ver más, entonces hay que producir más ojos y educarlos para que todas las personas puedan ver las imágenes. En otras palabras, los ojos deben ser condicionados. Y esa es la producción de la mirada. Una consecuencia próxima es la crisis de la visibilidad. Se educan las miradas para que vean, pero aunque se las eduque para ver el cansancio de los ojos aumenta y cada vez ven menos imágenes: asistimos entonces a una crisis de la visibilidad. No se ve. Ya no se ve más. Frente a esa disyuntiva ¿qué hacen los medios? Crean más imágenes. Sobreviene un proceso de inundación del mundo por las imágenes. Ciudades como Tokio o Nueva York y hasta el mismo Madrid o Paris, aunque Europa es un poco más resistente, están inundadas de imágenes que se distribuyen en todos los puntos. Y las ciudades se transforman en soporte de imágenes, al igual que las casas y los edificios. Se construye un edificio con la intención de ofrecer sus paredes para la publicidad.

La observación de la observación es otro tipo de iconofagia retroactiva. Como nuestros ojos ya están cansados de tantas imágenes, buscamos los detalles y los intersticios por donde conseguiremos ver los pequeños espacios intermediarios para quienes nos queda todavía alguna capacidad de visión. Frente a esto ¿qué hacen las imágenes y su mundo? Nos observan. Las imágenes saben sobre nosotros y sobre nuestros ojos más que nosotros por los propios: es la observación de la observación. Eso significa que cuando nosotros vemos una imagen, esa imagen ya nos ha visto hace mucho tiempo. Ya sabe que pasamos por ahí. Ya sabe lo que nos gusta. Ya sabe de donde venimos y hacia donde nos vamos. Es la observación de la observación. La próxima etapa es la colonización de la imaginación.

Al hablar de imágenes no sólo nos referimos a una cosa externa, éstas también existen, internamente, en nuestra imaginación. Esa es nuestra fuerza y esa es también la fuerza de las imágenes. ¿Por qué tienen tanta fuerza? Son algo muy íntimo en nosotros. Existen en nuestra imaginación. Somos seres humanos porque imaginamos. Porque tenemos fuerza de imaginación. Y esta fuerza de imaginación es lo que vincula nuestras imágenes interiores con las imágenes exteriores. Cuando las imágenes exteriores inundan al mundo y se reproducen cada vez más, éstas dejan cada vez menos espacio a nuestras imágenes interiores. Asimismo, dejan cada vez menos tiempo porque necesitamos tiempo para construir una imagen interior. Necesitamos tiempo para procesar nuestras imágenes interiores: nuestros sueños, nuestra imaginación, nuestras fantasías, nuestros proyectos futuros, nuestras memorias y cuando el mundo está lleno de imágenes no nos deja el tiempo para procesar nuestras propias imágenes o sea hay una colonización de nuestro imaginario y ya no imaginamos más con nuestras imágenes, sino que con las imágenes exteriores de la moda, de los medios, y todo eso.

La próxima forma de iconofagia retroactiva es muy concreta: cuando una persona entra en las imágenes. Hay muchas posibilidades de entrar en un mundo de imágenes o transferirse al mundo de las imágenes. Un trágico ejemplo es el del fotógrafo Bill Biggart. Un fotógrafo de periódico muy creativo y muy interesante que en el momento en que las torres gemelas en los Estados Unidos fueron atacadas, este fotógrafo decidió entrar en el edificio para hacer imágenes cada vez más cerca con los dos edificios cayéndose y, naturalmente, se muere en el lugar. Su cámara es rescatada y sus fotos son un testimonio de la expropiación del cuerpo en favor de la imagen. Es la apropiación de la imagen del cuerpo por la voluntad de la persona que se expropia de su propio cuerpo.

Y la última manifestación de la iconofagia retroactiva serían los sueños presoñados. O sea la fuerza de las imágenes también está en nuestra capacidad de soñar. Soñar sería imagen: soñar durmiendo y soñar despierto. Soñar sería imaginar escenarios, proyectos y situaciones donde podamos vivir mejor más adecuadamente a nuestros deseos; el sueño es el camino hacia la realización del deseo. Y cuando nos obligan a soñar los sueños que no son los nuestros, entonces nos ofrecen los sueños presoñados como las casas prefabricadas y como los cuerpos prefabricados. Es un tema muy interesante, pero que no nos olvidemos que estamos aquí, en una comunicación presencial con nuestros cuerpos. Ojalá que no dejemos que las imágenes nos devoren.


F@ro
Revista teórica del Departamento de Ciencias de la Comunicación y de la Información
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